Comprender el “apagón” en el otro mundo

Algunos signos son inequívocos: el aumento espectacular de la demanda de evaluaciones de competencias, el aumento del número de reciclajes profesionales, la cascada de dimisiones en algunos sectores… Los signos Este periodo es testigo del deseo de los trabajadores de encontrar sentido a lo que hacen. Este deseo ciertamente no es nuevo, pero la crisis de salud le ha dado un ancho de hombros. El clima de incertidumbre de los dos últimos años, los sucesivos encarcelamientos, así como la repentina y abrumadora experiencia del teletrabajo llevaron a todos a una forma de introspección profesional, a “hacer balance”.

Debido a que la búsqueda de sentido está en todas partes, surge la pérdida de sentido. Ponemos palabras a los males y nos permitimos hablar de emociones, dudas, confusiones: el entendimiento “brown-out”, en un mundo laboral donde el sentido ya no es secundario, el sentido subordinado al salario o al estatus, es importante. para organizaciones comprometidas con promover el bienestar de sus empleados. La expresión “brown-out” se refiere a una caída de corriente en un circuito eléctrico: una caída de tensión que se manifiesta como una resignación mental por parte del empleado que ya no comprende su papel en la empresa, la utilidad-beneficio de su función, o incluso su profesión. Continúa realizando su trabajo, pero sin entusiasmo, sin motivación, sin corazón, y hasta que se derrumba, si no se hace nada.

Prevención de un síndrome progresivo enmascarado

Aquí está la cosa: “apagón” es engañoso y difícil de definir, tanto para quienes lo padecen como para las organizaciones. Por eso es necesario cuestionar tanto los mecanismos que conducen a ello como la forma de apoyar a los empleados que pierden el sentido. Aquí nuevamente, hay señales a las que estar alerta (retirada, estado de ánimo sombrío, cinismo, despreocupación, desconexión, etc.) y herramientas a implementar para tomar el pulso de sus equipos día a día y fomentar esa conversación libre de la miedo al juicio. La comunicación y la reflexión en torno al interlocutor adecuado (gerente, personal de RR.HH., miembro de un CSE, psicólogo) es fundamental: no se puede salir de la espiral de “apagón” sin una mano tendida y un oído atento.

De hecho, la cuestión del significado en sí misma es muy difícil de entender. Un empleado que ya no ve su valor, o su trabajo, ya sea porque no obtiene ningún reconocimiento por ello, o porque el trabajo mismo le parece que no tiene ningún interés o utilidad para la empresa, necesita tiempo y mirar hacia atrás. O reduce la disonancia entre su sentido de autoestima y el valor que le da a su trabajo, y vuelve a comprometerse, o la disonancia es demasiado grande y es mejor irse.

Por supuesto, dejar tu trabajo es más fácil decirlo que hacerlo: pero cuando puedes, un buen salto al vacío es beneficioso porque te obliga a reconsiderar tu carrera y tu lugar, tus necesidades, tus deseos. Este es el momento del cambio, el momento de un segundo respiro profesional donde el desarrollo es el primer criterio, en otro trabajo, en otro negocio, o incluso creándote a ti mismo. Se trata de ir hacia ti mismo y lo que realmente quieres, cuestionar tu razón de ser. Como dijo Mark Twain:

“Los dos días más importantes de tu vida son el día que naciste y el día que descubres por qué.»

¿Dirección perdida o falta de dirección?

Finalmente, la pérdida de significado es a veces el resultado de la incapacidad del empleado para comprender el propósito general en el que está participando. Su función no tiene sentido porque no nos hemos molestado en explicar aquí cómo genera valor y por qué es importante.

Muchos empleados son demasiado operativos y no lo suficientemente estratégicos: se les hace alarde de una ambición sin especificar cómo forman un eslabón importante en la cadena que permite tocarla con el dedo. Sin embargo, en este mundo post-covid (¡con suerte!), donde todos han verificado sus prioridades y donde ya no existe la pregunta de “perder la vida para ganarla”, las empresas ya no pueden ahorrar en una visión y un objetivo claro. regar cada una de sus capas y no dejar nada al costado del camino, sin dirección. No tendrás el viento adecuado si no sabes a qué puerto ir.