El metano y el efecto invernadero

La evolución futura de las diversas fuentes de emisiones sigue siendo incierta. Sin embargo, se espera que aumente la contribución de los combustibles fósiles, los residuos y la agricultura, debido al crecimiento de la población mundial, la industrialización de algunos países y la creciente demanda de energía.

Reducir las emisiones de metano

La conciencia de la necesidad de contener y luego reducir las emisiones de metano a escala planetaria es relativamente tardía. En 2014, el IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) estableció que la influencia del metano en el clima se ha subestimado durante mucho tiempo. El metano permanece durante 10 años en la atmósfera, pero es un gas de efecto invernadero más fuerte que el CO2 : una molécula de metano absorbe en promedio 28 veces más radiación que una molécula de dióxido de carbono en 100 años. Por otro lado, reducir las emisiones de metano puede ser más rentable y efectivo para mitigar el cambio climático que el CO.2por su alto potencial de calentamiento global y su vida es 10 veces más corta que el CO2.

En 2020, la Comisión Europea presentó su estrategia para reducir las emisiones de metano: creación de un observatorio internacional; fortalecer la vigilancia satelital; directiva para exigir a los productores de combustibles fósiles que detecten y reparen las fugas de metano; prohibir la quema y la desgasificación sistemáticas; tratar minas de carbón abandonadas; fomentar la reducción de las emisiones del ganado cambiando la alimentación animal; incrementar la recolección de residuos agrícolas para producir biogás; mejorar la gestión de los gases de vertedero.

El pasado mes de noviembre durante la COP26, cerca de un centenar de Estados se comprometieron bajo el Global Methane Pledge a reducir sus emisiones de metano en al menos un 30% para 2030. Un objetivo que, según la ONU, será posible evitar 0,3°C de calentamiento global para 2040. Sin embargo, algunos países productores de carbón no han firmado el acuerdo, como China, Rusia e India.

Debido a la diversidad y complejidad de las fuentes de metano, no existe una solución única y las soluciones deben detallarse fuente por fuente.

por’agricultura, deben abordarse las emisiones de metano de los rumiantes. Algunos estudios han destacado el papel de la dieta. Reemplazar la pulpa de remolacha con alimentos ricos en almidón (cebada, trigo, maíz) reducirá las emisiones en un tercio. El INRAE ​​ha demostrado que la eliminación de alimentos ricos en almidón como la soja en favor de lípidos como las semillas de lino mejorará la calidad nutricional de la leche y reducirá las emisiones de metano entre un 20 y un 40 %. Otra vía prometedora es la introducción de algas en la dieta, lo que reducirá la fermentación intestinal entre un 50 y un 80 %. Otro trabajo ha demostrado que la selección de especies también reduce la producción de metano.

La startup londinense Zelp ha ideado una máscara que puede recuperar un tercio del gas emitido durante el eructo de las vacas. Alimentada por energía solar, esta máscara absorbe metano, lo almacena y lo convierte en dióxido de carbono, que absorbe nueve veces menos radiación que el metano puro. Las vacas no se avergonzarán de usar una máscara. Será vendido este año por Cargill, el gigante agroalimentario. El precio debería rondar los 30 euros.

En cuanto a los efluentes de Cuidar de los animales, la metanización de los residuos permite recuperar y valorizar el biogás emitido por su descomposición. En este ámbito, Unifergie, filial de Crédit Agricole Leasing and Factoring, ocupa una posición de liderazgo en el mercado francés, habiendo construido un tercio de las instalaciones de metanización.

Para reducir el gas de siembra de arroz, es posible seleccionar especies de arroz que produzcan menos metano, reducir los fertilizantes o combatir la turbidez del agua y la producción de sedimentos. Los estudios en Asia han demostrado que drenar los campos de arroz dos veces al año puede reducir las emisiones en un 80 %.

Sobre el metano de combustibles fósiles, la Agencia Internacional de la Energía estima que el sector podría reducir sus emisiones globales de metano en un 75% y que la mayoría de estas reducciones podrían lograrse a un costo neto cero. La Comisión Europea aprobó recientemente medidas y reglas estrictas con el objetivo de reducir las emisiones en un 80% para 2030. Bruselas también tiene como objetivo regular las emisiones de metano “importado” a partir de 2025.

Del lado de los emisores de metano, las compañías de petróleo y gas se han dado cuenta tardíamente de la necesidad ambiental y económica de reducir las fugas de metano. Lanzada en noviembre de 2020 por el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) y la Comisión Europea, la Asociación de Metano de Petróleo y Gas reúne a más de 80 empresas que representan más del 50 % de la producción mundial de petróleo y gas. Están comprometidos con una mayor transparencia en sus emisiones de metano. TotalEnergies se ha comprometido a poner fin a la quema de rutina para 2030, y ExxonMobil planea reducir sus emisiones en un 50 % para 2025 en comparación con 2016.

De manera similar, el metano liberado por la minería se puede capturar y recuperar en forma de calor o biocombustible.

Descuidado durante mucho tiempo en favor del CO2, la lucha contra las emisiones de metano se ha convertido poco a poco en un paso importante y prometedor para alcanzar los objetivos de lucha contra el calentamiento global. Responsable de una cuarta parte de las emisiones globales de GEI, el metano juega un papel importante en la contención del aumento de las temperaturas. Quedan grandes incógnitas en las fuentes naturales de metano, que seguirán aumentando con el aumento de las temperaturas, como es el caso de los lagos, los ríos o el permafrost. Los compromisos asumidos en la COP26 marcaron un punto de inflexión en la movilización mundial contra el metano. La voluntad política todavía tiene que estar allí.

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