la necesidad de encontrar el camino correcto

Si estamos lejos del nivel de 2019 donde hubo 53.000 fallas, sin embargo la situación está empeorando. Para evitar una gran ola en los próximos meses y años, las empresas deben afrontar la situación e iniciar ya los cambios necesarios, mientras cuestionan la viabilidad de su estrategia y su flujo de caja.

Cuidado con la ilusión del dinero

En cierta medida, la inflación beneficia a algunas empresas que venden su inventario a precios superiores a los esperados, lo que sin duda mejorará su rentabilidad a corto plazo. Además, tienen más dinero, sobre todo si se han beneficiado de ayudas estatales en respuesta a la crisis sanitaria, como PGE o bonificaciones fiscales.

Sin embargo, no se equivoque al respecto. Estos últimos sufren -directa o indirectamente- el fenómeno de la inflación en su base de costos y sus compras futuras. Estructuralmente, el coste de la financiación aumentará con un aumento de los tipos de interés del BCE, así como con los efectos del tipo de cambio del dólar, y es probable que los costes operativos y de producción sigan aumentando a la luz de la inflación que afecta a las materias primas y la energía. Esta tendencia es tan importante que está en peligro incluso acelerar la desindustrialización de nuestra economía y ejercer aún más presión sobre nuestro sector agroalimentario. Donde la crisis de subprime ha surgido de repente, nos hemos sumergido en secreto en una crisis a largo plazo.

Incluir la imprevisibilidad en la toma de decisiones.

En este contexto, muchas empresas han considerado oportuno posponer cambios importantes en su operación, con el argumento de que el mercado ganará estabilidad en los próximos meses. Durante mucho tiempo hemos evolucionado hacia un mundo más predecible, porque es más estable. Estos últimos tres años han demostrado que el cambio se ha convertido en la norma y que ahora tienen que incorporar la imprevisibilidad como un factor permanente, por lo que es necesario cambiar el paradigma. La situación no necesariamente ganará visibilidad en los próximos meses, y es todo el proceso de toma de decisiones con visibilidad reducida lo que ahora debe reconsiderarse.

Repensar el modelo de negocio ahora

Si parece excesivo hablar vagamente cuando se trata de quiebras de empresas, la imagen de inundación parece más adecuada.

Para evitar la marea, las empresas deben comenzar a pensar profundamente en su modelo de negocios ahora. Esta reflexión básica debería abarcar temas tan variados como la cuestión de la gobernanza, las alianzas que construyen las empresas, su estructura de financiación o incluso su forma de entender la sostenibilidad y ESG en sus operaciones. En general, debe tener el coraje de recibir respaldo estratégico cuando sea necesario y enfrentar decisiones difíciles en términos de equidad y estructura de costos con claridad.

Demasiadas empresas esperan hasta que la economía esté en problemas para mirar las previsiones de flujo de caja. Estas empresas, sin cultura del dinero, se enfocan en sus márgenes. Sin embargo, deben recordar que solo el dinero puede ofrecerles la flexibilidad necesaria para presentarse en diferentes situaciones. Porque ante las crisis, la agilidad debe seguir siendo la palabra clave. Como el optimismo debe permanecer tenaz.

Así, al menos el 71% de los líderes internacionales dicen tener confianza o mucha confianza en el futuro del crecimiento global. Muchos ejemplos van en esta dirección, especialmente AccorInvest, que afrontó con éxito una situación difícil poniendo su energía en conseguir financiación y llevar a cabo una reestructuración eficaz. Este último se llevó a cabo de forma secuencial con un análisis en profundidad de todos sus procesos y herramientas, lo que llevó a un reenfoque estratégico de las actividades en eficiencia operativa y gestión de activos, los dos negocios principales de la compañía, así como también a un repunte a largo plazo en su crecimiento, que ahora se mantiene.

Si la comparación no es correcta, podría ser interesante ver qué está pasando con nuestros vecinos. Siempre y cuando, por supuesto, no se caiga en la autocrítica: en este caso, parece que los países vecinos no viven una situación más favorable que la nuestra, y además deben hacer frente a un contexto económico difícil y de continua incertidumbre. Son muchos los retos que nuestras economías deben afrontar juntas, así como apostando por las sinergias que son la fortaleza de la zona euro ante las tormentas que se avecinan.